El señor de los anillos: ¿otra película? el riesgo de desangrar una leyenda
La Tierra Media, ese universo forjado por la pluma de Tolkien, parece condenada a una eterna explotación comercial. Peter Jackson, el artífice de la trilogía cinematográfica que cautivó al mundo, ha anunciado una nueva entrega, inspirada en el episodio de “Niebla en las Quebradas de los Túmulos”. Una decisión que, para un obseso confeso como este periodista, roza lo desalentador.
La nostalgia como motor de negocio: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?
Tras el declive de El Hobbit, una trilogía que diluyó el espíritu épico de la obra original, y el desastre de Los Anillos de Poder, la franquicia busca desesperadamente una nueva fuente de ingresos. La guerra de los Rohirrim, un anime de calidad discutible, y el proyecto The Hunt of Gollum, que ya se antojaban arriesgados, se suman a esta sucesión de intentos fallidos por capitalizar la popularidad de Tolkien. La realidad es clara: la nostalgia de mi generación se ha convertido en la moneda de cambio para exprimir hasta la última gota a una gallina de los huevos de oro que, sinceramente, merece un merecido descanso.
Pero la verdadera espina clavada reside en la propia historia que se pretende adaptar. Inventar una trama al margen de la obra de Tolkien es abrir una caja de Pandora, un camino peligroso que podría acuchillar el legado de uno de los autores más importantes de la literatura fantástica. ¿De verdad necesitamos una historia inventada, protagonizada por Sam, Merry, Pippin y la hija de Sam, Elanor, para justificar una nueva película?

¿Por qué no recurrir a los cuentos inconclusos?
La Tierra Media es un universo vasto, repleto de historias esperando a ser contadas. ¿Por qué desviar la atención hacia una trama original cuando existen los Cuentos Inconclusos, una antología de relatos publicados póstumamente por Christopher Tolkien? Esta colección, conectada directamente con El Señor de los Anillos, ofrece material rico y apasionante para cualquier fan.
Imaginemos una adaptación de La Batalla de los Campos Gladios, donde Isildur perdió el Anillo Único, o la historia de Cirion y Eorl, el nacimiento del reino de Rohan. Incluso Las batallas de los vados del Isen, aunque más fragmentarias, podrían resultar fascinantes. La lista es interminable: la historia de los Istari, los Drúedain, los Palantíri. El material es abundante, pero parece que la opción más fácil es la que se ha elegido: una historia inventada.
Tolkien mismo dio marcha atrás con La nueva sombra, un relato ambientado en la Cuarta Edad, cuya primera versión fue abandonada. La lección es clara: no todo lo que se puede contar, debe contarse. La adaptación de El Silmarilion siempre ha sido considerada demasiado compleja, pero eso no justifica recurrir a la improvisación.
Las películas de Peter Jackson fueron un regalo, una rareza irrepetible. Tratar de emular su éxito con proyectos como este deja claro que el precio del éxito en esta sociedad de consumo es, a menudo, demasiado alto. El legado de Tolkien merece respeto, no una sangría constante en busca de beneficios.