Los testamentos: gilead se expande, pero ¿con menos fuego?
La esperada secuela de El cuento de la criada, Los Testamentos, llega a Disney Plus, prometiendo un desenlace a la historia de June y su lucha por la supervivencia en el régimen teocrático de Gilead. Pero, ¿realmente se trata de una extensión orgánica o de una reinterpretación atenuada de la original?

Adolescencia en la sombra: un tiempo transcurrido, una realidad persistente
La serie nos transporta quince años después de los eventos de la sexta temporada, sumergiéndonos en la adolescencia de Agnes, una joven que se prepara para convertirse en esposa ideal en las prestigiosas escuelas de Gilead. Este salto temporal, lejos de ser una mera excusa narrativa, introduce una nueva perspectiva, con tres narradoras –tía Lydia, Agnes y Daisy– que desentrañan los secretos del poder y la manipulación que sustentan el régimen. La trama responde a antiguas incógnitas: el ascenso de tía Lydia, el destino de las protagonistas y los mecanismos internos de Gilead se revelan con una meticulosidad que, aunque bienvenida, no siempre logra replicar la visceralidad de la serie original.
Si bien los elementos centrales de la idiosincrasia de Gilead –la sumisión de la mujer, las castas sociales, la represión sexual– permanecen intactos, Los Testamentos opta por un enfoque más comedido en cuanto a la violencia. Esto, si bien puede resultar un alivio para algunos espectadores, también implica una pérdida de impacto emocional. La serie se centra en las escuelas de esposas, donde las jóvenes son sometidas a un lavado de cerebro sistemático para encajar en el orden establecido, explorando las complejas dinámicas entre las colonias reservadas a las mujeres proscritas.
La fotografía, con sus planos cenitales coreografiados con precisión, y el elenco, encabezado por la magistral Elisabeth Moss, son elementos que, sin duda, elevan la calidad visual de la producción. Chase Infinity, una joven actriz en ascenso, se erige como un ancla emocional, representando la esperanza en medio de la desolación. Sin embargo, la serie se ve lastrada por su naturaleza derivada, lo que dificulta alcanzar el mismo nivel de intensidad que la serie original. Ya conocemos los brutales correctivos, las asambleas disruptivas y los abusos de poder, lo que reduce la necesidad de generar nuevas tensiones.
La simbología y el ritmo narrativo, sin embargo, siguen siendo pilares fundamentales. La diferenciación entre las “ciruelas” –las esposas, marthas, criadas, tías, econoesposas y perlas–, que portan los colores de la lucha feminista, añade una capa de complejidad a la historia. La fidelidad al material original de Margaret Atwood es evidente, pero la expansión temporal y la multiplicidad de narradoras, si bien enriquecen la trama, también diluyen la fuerza de la original. El final, aún desconocido, se antoja como un desafío para mantener el interés del espectador, especialmente si la serie no se atreve a abordar los temas más oscuros de la novela.
Valoración: 80/100. Los Testamentos ofrece una secuela digna de El cuento de la criada, con un sólido trabajo técnico y una exploración de las complejidades de Gilead. Aún le falta la audacia y el impacto visceral de la serie original, pero su fidelidad al material de base y su cuidada puesta en escena la convierten en una apuesta segura para los fans de la saga.
