Prada vuelve a la carga: el diablo desata la sartén contra la industria en una secuela inesperada
La reinvención de la saga ‘El diablo viste de Prada’ ha sorprendido a crítica y público. La esperada secuela, lejos de ser una mera continuación de las andanzas de Andy Sachs, se atreve a diseccionar la metamorfosis de la industria de la moda y el periodismo, con una audacia que pocos se atreven a mostrar.
Un salto temporal que desafía las convenciones
Aline Brosh McKenna, la mente detrás de ‘Crazy Ex-Girlfriend’ y ‘Cruella’, nos transporta dos décadas en el tiempo, sumergiéndonos en un panorama radicalmente distinto al que conocemos. La película no rehúye la desaparición de la prensa escrita, el auge del clickbait y la obsesión por las redes sociales, presentando una realidad incómoda pero innegablemente palpable. Un cambio de época que la protagonista, interpretada por Emily Blunt, debe navegar con astucia y determinación.

Sátira mordaz y cameos de talla mundial
El guion, intrincado y lleno de matices, utiliza la sátira como arma principal, apuntando directamente a figuras como Jeff Bezos y su esposa, Benji Barnes, con una precisión que resulta, a veces, descaradamente divertida. Pero ‘El diablo viste de Prada 2’ no se limita a la burla; se adentra en temas profundos como la concentración de poder en manos de unos pocos, la retracción del medio cultural y los desmanes del mercado inmobiliario. Una película que, a pesar de su pretensión, logra mantener un tono ligero y disfrutable.

Estrellas en estado de gracia y un mensaje resonante
La película cuenta con un reparto de excepción: Justin Theroux, Lucy Liu, Kenneth Branagh y Lady Gaga, quienes aportan brillo y experiencia a la narrativa. Sobresale la inclusión de personajes masculinos con una visión más humana y comprensiva, rompiendo con los estereotipos tradicionales. La figurinista Molly Rogers, con su habitual maestría, ha logrado recrear un universo visual deslumbrante, con detalles que no pasan desapercibidos. Y, por supuesto, el glamour y las excentricidades a gogó, los cameos y los modelazos siguen presentes, aunque ahora con una conciencia social más definida.

Una nota 78 y un guiño a la original
‘El diablo viste de Prada 2’ es, en definitiva, una celebración de la primera entrega, con guiños constantes al pasado que deleitarán a los fans más acérrimos. Pero se trata de algo más: una película con pegada, que no se limita a revivir los recuerdos, sino que los utiliza como base para construir un mensaje relevante sobre los tiempos en los que vivimos. Una película que, a pesar de su aparente frivolidad, logra dejar una huella imborrable. Chapeau.

El diablo no siempre sonríe. y el futuro es incierto.
Con una valoración de 78, ‘El diablo viste de Prada 2’ es un éxito, un win-win que explota el glamour para lanzar un discurso pertinente. Un recordatorio de que, incluso en el mundo de la moda, la pasión por el trabajo bien hecho y la crítica social pueden coexistir. Y si Andy Sachs ha logrado forjarse una reputación en el “periodismo serio” a lo largo de dos décadas, la industria aún tiene mucho que demostrar.
