Finlets: el último truco para achicar el bolsillo de los aviones”,n
Delta Airlines se prepara para una nueva estrategia: instalar ‘finlets’ en sus Boeing 737, una solución minúscula que promete un ahorro de combustible del 1,2% – una cifra que, multiplicada por miles de vuelos diarios, revela una pequeña pero tangible reducción en los costos.

La pequeña revolución en las alas
Hace unas semanas, durante una charla en Naukas Barcelona, ya señalaba la tendencia de la industria aeronáutica: no veremos cambios radicales, como motores de hidrógeno o fuselajes integrados en el corto plazo. La clave reside en pequeñas mejoras, en ajustes precisos que, sumados, generan un impacto significativo. El anuncio de Delta, con la incorporación de ‘finlets’ desarrollados por Vortex Control Technologies (VCT), confirma esa línea de pensamiento.
Estos dispositivos, unas tiras de metal de 64x6,4 centímetros, redirigen el flujo de aire en la parte trasera del fuselaje, eliminando turbulencias. Un detalle aparentemente menor, pero con un potencial de ahorro considerable. Los ‘winglets’, ya estandarizados en aviones nuevos, ofrecían un 4 o 5% de ahorro; ahora, los ‘finlets’ parecen ser su sucesor.
Lo que realmente importa es que, según los cálculos de Delta, la instalación de estos finlets puede realizarse en apenas cuatro horas, con un equipo de seis personas, lo que permite llevarlo a cabo durante una pausa nocturna, sin necesidad de interrumpir el vuelo. Una eficiencia que, en un sector donde cada minuto cuenta, representa una ventaja competitiva importante.
Y, admitámoslo, un 1,2% puede parecer una nimiedad. Pero en la danza incesante de la rentabilidad, cada centavo cuenta. La industria aérea opera con márgenes ajustados y la presión para reducir costos es constante. Estos pequeños avances, como los ‘finlets’, son el resultado de esa presión, la búsqueda frenética de cualquier ganancia que se pueda obtener.
En definitiva, la batalla por el combustible continúa, no con armas de vanguardia, sino con ajustes quirúrgicos en la aerodinámica. Una estrategia pragmática, quizás, pero que refleja la realidad económica del sector: la eficiencia es la nueva moneda de cambio.
