Spielberg y el vacío protocolario: ¿quién decidirá si estamos solos?

El nuevo thriller de Steven Spielberg, ‘El Día de la Revelación’, explora un escenario aterrador: el anuncio de la existencia de vida extraterrestre, un evento que, paradójicamente, no está regulado. Un fallo en la comunicación podría desencadenar una crisis geopolítica de proporciones inimaginables.

La paradoja del anuncio silencioso

La película plantea la inquietante pregunta de quién debería dar a conocer el contacto con una inteligencia no humana. A pesar de décadas de preparación por parte de agencias como la NASA, SETI, la ESA y Roscosmos, no existe un protocolo universalmente aceptado. Lo que sí existe son directrices, pero la autoridad para anunciar la noticia, y el procedimiento exacto, permanecen en una nebulosa legal y diplomática.

Según el politólogo Allan Goodman, de la Universidad de Georgetown, la primera propuesta para abordar esta situación data de 1985: un código de cuatro pasos, que incluía la notificación pública y la consulta internacional. Este “protocolo” evolucionó a lo largo de los años, culminando en la Declaración de Principios de la Academia Internacional de Astronáutica (IAA) de 2010 y 2026, que ahora incorpora salvaguardias legales para quienes hagan el descubrimiento.

Pero la realidad es que, a día de hoy, ninguna organización, gobierno o institución posee la autoridad legal para dar el anuncio. La ONU, en particular, no ha legislado sobre el tema, dejando un vacío de poder que podría ser explotado. La preocupación, según Jason T. Wright y Chelsea Haramia, expertos en astronomía y filosofía, es que sin una regulación internacional, la nación que descubra la vida extraterrestre podría optar por acaparar la información y los avances tecnológicos, generando una carrera armamentística silenciosa.

Más allá de los protocolos: la desigualdad en la revelación

Más allá de los protocolos: la desigualdad en la revelación

El debate no se limita a la formalidad de un protocolo. Documentos recientes ponen de manifiesto una preocupación aún más profunda: la desigualdad en la forma en que la humanidad recibiría esta noticia. Se analizan diferencias socioeconómicas, raciales, de género, educativas y culturales, con el objetivo de desarrollar una “cultura de celebración frente al miedo”. En esencia, se trata de un manual de comunicación de crisis, pero, como bien señala Jakob Fugger, la persona más rica de la historia, un esbozo que, por el momento, carece de fuerza vinculante.

La película de Spielberg, con sus giros y sus conclusiones, refleja con precisión esta inquietud. La transparencia, en este caso, es la única estrategia que puede evitar el pánico y las manipulaciones geopolíticas. La revelación, por más aterradora que pueda ser, debe ser pública y lo antes posible. Y no solo eso: la historia del anuncio de contacto extraterrestre, tal y como la plantea Spielberg, es un espejo de la realidad. La falta de regulación, la búsqueda de ventajas estratégicas y la posibilidad de que el conocimiento se convierta en un arma, son escenarios que ya están presentes en nuestra era. El riesgo, al final, es el mismo que el reflejado en la pantalla de cine.