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El examen que define un país: china y su legado milenario

Más que una prueba, el gaokao es un bautismo de fuego para China. Un examen que, con más de mil años de Historia, sigue determinando el acceso a la universidad y, por ende, el futuro de millones de jóvenes.

Un ritual ancestral con raíces profundas

Todo comenzó en el año 600 d.C. con el keju, el examen imperial chino, nacido en la dinastía Sui. Originalmente, este sistema no buscaba la meritocracia como la conocemos hoy, sino filtrar a los funcionarios de la corte, sin importar su origen. Un campesino formado en su tiempo libre podía competir con un noble, una premisa radical para la época.

La dinastía Tang perfeccionó el keju, estableciendo un estándar riguroso. Sin embargo, con la llegada del comunismo, en 1952, el keju sufrió una transformación drástica: el nombre cambió a gaokao y, en 1966, durante la Revolución Cultural, Mao lo abolió por completo. Durante once años, el acceso a la educación superior se basó en criterios políticos y recomendaciones ideológicas, silenciando el sistema milenario.

El regreso de la meritocracia: un desafío para china

El regreso de la meritocracia: un desafío para china

En 1977, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el gaokao resurgió, demostrando una resistencia asombrosa. A pesar de haber estado abolido durante una década, 5,7 millones de aspirantes se presentaron para ocupar tan solo 273.000 plazas – una tasa de admisión inferior al 5%. La demanda era abrumadora, y hasta se tuvo que utilizar papel destinado a imprimir las obras completas de Mao para imprimir los exámenes.

La generación Z, marcada por el auge tecnológico, fue informada de que el éxito laboral residía en obtener un buen salario, un lujo que se había convertido en su principal aspiración. Pero, paradójicamente, esta prueba, que ha sobrevivido dinastías, invasiones y cambios políticos radicales, revela una paradoja: China, una sociedad donde se dice que se vive para trabajar, ha mantenido viva una tradición de individualismo y superación personal.

Un estudio del Journal of Public Economics demostró que aprobar el gaokao, incluso por un margen estrecho, incrementa significativamente el salario inicial de un joven chino. No se trata solo de un examen de antigüedad; es la prueba de un sistema que, pese a su aparente inercia, sigue siendo un factor determinante en el futuro de sus ciudadanos. El gaokao es, en definitiva, la prueba de que China, a pesar de su modernidad, se aferra a una filosofía ancestral: la meritocracia. Y, quizás, esa es su mayor fortaleza.