Vikings: valhalla desdibuja la historia. ¿cuánta ficción?
La tercera y última temporada de Vikings: Valhalla, el spin-off de Vikings, se adentra en un periodo histórico fascinante: el siglo XI. La serie nos muestra a Harald Hardrada como un general bizantino clave, una etapa que, aunque dramáticamente poderosa, se distancia notablemente de la realidad.

La historia se reinventa en constantinopla
Tras el viaje a Constantinopla en la segunda temporada, la serie salta en el tiempo, revelando a Harald como un poderoso general bizantino. Esta etapa, que constituye la trama central de la temporada, se basa en hechos históricos, aunque con importantes licencias creativas. En el siglo XI, Harald Hardrada fue, efectivamente, un importante aliado del imperio bizantino en la recuperación de Sicilia entre 1038 y 1040. Otros vikingos participaron en esa guerra, consolidando la guardia varega como una fuerza de élite.
Pero la serie no duda en alterar la cronología para servir a la narrativa. Romanos III, interpretado por Nikolai Kinski, no debería ser emperador en ese momento, ya que la campaña de Siciliaocurrió bajo el imperio de Miguel IV. La coincidencia temporal entre Leif Erikson y Harald también es un artificio narrativo, dado que Leif murió mucho antes. La intensa enemistad entre Harald y el general Jorge Maniakes, un elemento puramente dramático, es otro ejemplo de esta libertad creativa. Incluso personajes secundarios como Eleana, que se revela como la emperatriz Zoe, son invenciones para enriquecer la trama.
El vestuario también ha sido objeto de críticas constantes. Si bien visualmente atractivo, se aleja de la precisión histórica, tomando prestado elementos de series como Juego de Tronos. Cascos dorados y corazas sobre túnicas rojas no corresponden a la vestimenta de los soldados bizantinos de la época.
La serie se atreve a reinterpretar la Historia, pero con un precio: la veracidad. Si bien la Historia de Harald Hardrada es fascinante, la serie prioriza el espectáculo sobre la exactitud histórica. Y en el entretenimiento, a veces, la ficción es más potente que la realidad.
Esta temporada de Vikings: Valhalla confirma que, aunque inspirada en la Historia, la televisión a menudo la reescribe para crear narrativas más impactantes. La serie, al final, nos recuerda que la Historia es una construcción en constante evolución.
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