Crimson desert: el juego que redefine el mundo abierto, pero con fallos
La efervescencia de Pearl Abyss, compañía surcoreana, ha sido constante. Su apuesta por Crimson Desert, anunciado en 2019 como el próximo salto evolutivo en los MMORPG, ha generado expectativas enormes. Tras cinco años de desarrollo, el juego ha llegado, pero la realidad plantea interrogantes sobre si cumple con las promesas.

Un mundo abierto que enamora, pero con peculiaridades
La experiencia de juego es inmersiva, con 82 kilómetros cuadrados de mundo abierto, superando a títulos como Red Dead Redemption 2. El juego destaca por su capacidad de generar curiosidad y libertad, un rasgo que pocos MMORPGs logran. No obstante, la narrativa, si bien no carece de mérito, no alcanza el nivel de épica que su despliegue visual promete. El protagonista, Kliff, se siente relegado a un papel secundario en una historia que se desenvuelve a un ritmo poco fluido.
La estructura de Crimson Desert es compleja, con un sistema de facciones que influye en el mundo, aunque con un enfoque en el farmeo que podría resultar tedioso. Este aspecto, aunque diseñado para fomentar la exploración y la interacción, se convierte en una tarea repetitiva. El combate, con su sistema de acciones y contraataques, ofrece momentos de intensidad, pero la falta de tutoriales claros y un sistema de combate que a veces falla dificultan su aprendizaje.
A pesar de estas carencias, la presentación visual de Crimson Desert es impactante. El motor BlackSpace Engine de Pearl Abyss, que la compañía ha desarrollado, crea un mundo detallado y vibrante, con efectos de iluminación y partículas que contribuyen a la inmersión. El juego, sorprendentemente, funciona de manera fluida incluso en placas de gama media, aunque presenta fallos gráficos puntuales y problemas de rendimiento, como el
