Sim refinery: el videojuego soviético que el petróleo casi enterró
Un prototipo olvidado, una petrolera y una crisis energética: la improbable historia de Sim Refinery, el juego que casi no vio la luz y que ahora resurge como un fascinante testimonio de la obsesión humana por controlar el caos.

Un encargo de chevron, un sueño de la simulación
En 1992, Maxis, la empresa pionera de simulaciones como SimCity, se topó con una propuesta inusual: Chevron, la gigante petrolera, quería un videojuego que enseñara a sus empleados a gestionar una refinería de petróleo. La idea no era vender entretenimiento, sino formar a los futuros directivos de una de las compañías más poderosas del planeta.
John Hils, el fundador de Delta Logic, una empresa especializada en simulaciones para fines educativos, convenció a Maxis para que asumiera el proyecto. La colaboración entre estas dos entidades, que inicialmente parecían dispares, fue crucial para el desarrollo de Sim Refinery. Delta Logic aportó la experiencia en simulaciones complejas, mientras que Maxis se encargaría de la parte lúdica y del alcance comercial, manteniendo su enfoque en el entretenimiento.
El presupuesto inicial de 75.000 dólares fue una inversión audaz para la época. Maxis, consciente de que no podía competir directamente con sus juegos de simulación más populares, optó por un enfoque pragmático: utilizar el prototipo para demostrar la capacidad de la empresa, y luego dedicar sus recursos a proyectos más rentables. El código base del juego Sim Farm, otro proyecto de Delta Logic, sirvió de base para Sim Refinery, permitiendo optimizar el desarrollo y acelerar el proceso.
Sin embargo, las ambiciones de Chevron se vieron truncadas por una reestructuración interna. En octubre de 1992, la compañía se enfrentaba a una crisis económica que la obligaba a recortar gastos. El videojuego, que estaba a punto de convertirse en un prototipo funcional, quedó relegado a un segundo plano, casi olvidado. La idea era tan controvertida que, en la época, el propio Chevron consideró que la idea de un videojuego para formar a sus empleados no era lo más adecuado para su imagen pública.
La casualidad lo trajo de vuelta. Hace apenas unos meses, el sitio web Ars Technica descubrió Sim Refinery en el repositorio Obscuritory, un archivo digital de videojuegos abandonados. Un lector, antiguo empleado de Chevron, acaso por pura suerte, tenía una copia del disquete original, y la subió a Internet Archive. El descubrimiento causó revuelo en la comunidad gamer y en los círculos de la simulación, y rápidamente se difundió por las redes sociales.
Hoy en día, el juego sigue siendo descargable gracias a la iniciativa de algunos usuarios que se han propuesto preservar este raro tesoro. Aunque algunas funciones no funcionan correctamente y los gráficos son rudimentarios, Sim Refinery ofrece una visión fascinante de los desafíos de la gestión de recursos energéticos en un contexto de crisis. Es un recordatorio tangible de cómo la obsesión humana por simular la realidad puede dar lugar a resultados sorprendentes, incluso si estas simulaciones no llegan a comercializarse.
Un futuro incierto. Con la actual inestabilidad geopolítica y el auge de los precios del petróleo, Sim Refinery podría ser una herramienta valiosa para comprender los complejos mecanismos del mercado energético. La empresa no se ha pronunciado sobre el tema. La historia de este videojuego olvidado demuestra que, a veces, los mayores descubrimientos se encuentran en los rincones más inesperados del pasado.
